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En 1931, un joven emprendedor llamado Ángel Estepa combinó un cerrojo metálico horizontal con un moderno cilindro de llaves. Este invento permitía reforzar la seguridad de las puertas sin tener que cambiarlas en su totalidad, un argumento que desencadenó un éxito inmediato de ventas en la España de la Gran Depresión. Patentado, comercializado y fabricado por Estepa desde un taller en la calle Viriato de Madrid, el llamado modelo nº 1

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