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“No está marcado en ningún mapa: los sitios de verdad no lo están nunca”. Así presentaba Herman Melville en Moby Dick la isla de Rokovoko, de la que procedía un amigo del protagonista. Más de siglo y medio después, en la era de Google Earth, la geolocalización y los satélites, la sensación es similar: no quedan lugares por explorar. Todo está mapeado, codificado y registrado en coordenadas, y los lugares

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